
Aquella noche, decidí aventurarme en el mundo paranormal.
Por eso, junto con mi mejor amiga, decidimos visitar un cementerio abandonado a
las afueras de la ciudad. A las 12 de la noche en punto, nos reunimos a las
afueras de este para comenzar nuestra aventura.
Poco después ingresamos caminando por un camino de
tierra, piedras y hojas caídas hasta llegar al interior. Una vez dentro, percibíamos
como la densa oscuridad de la noche, nos envolvía por completo, haciendo que el
ambiente de todo el lugar, se tornara más tenebroso e inquietante.
Empezamos a caminar un tanto temerosas y al mismo tiempo
expectantes, recorriendo los distintos caminos pedregosos bajo el silencio y la
oscuridad de aquel cementerio abandonado. Encendimos una linterna, para sortear
mejor aquellas tumbas abandonadas que encontrábamos a nuestro paso, mientras
escuchábamos bajo el silencio de aquella noche inquietante, el sonido de
nuestras respiraciones y nuestros pasos.
Derrepente, escuchamos un grito ensordecedor proveniente
de alguna parte. Ambas gritamos al unísono, mientras sentíamos un viento gélido
que nos erizaba la piel. Atiné a preguntar
¿qué fue eso?
Mi amiga estaba paralizada por el miedo, mientras se
cubría los oídos con ambas manos; pero yo a pesar de estar un tanto asustada,
sentía curiosidad por aquel grito; entonces la jalé del brazo para que
siguiéramos caminando, pero ella intentó resistirse un poco, argumentando que
sentía miedo; aunque yo me envalentoné y la animé a continuar, pues para eso
habíamos venido hasta aquí, y no nos íbamos a regresar tan pronto.
Seguimos caminando cuando derrepente, en frente de
nosotros vimos una sombra oscura flotando en el aire, aproximándose a nosotras.
Nos quedamos quietas en el sitio sin saber que hacer; luego como por instinto,
corrimos para agazaparnos bajo uno de los arbustos. Temblando de miedo, nos
quedamos quietas para no hacer ruido, esperando que aquel ser extraño se
marchara de allí; pero eso no sucedió, al contrario de lo que pensábamos,
parecía que aquella silueta oscura podía percibir el miedo que sentíamos en ese
momento. Luego de unos segundos que parecían eternos, pudimos ver como se
deslizaba sigilosa, lenta y pausadamente entre los arbustos, cambiando su
dirección para de todas formas, dirigirse hacia donde estábamos. Pensé que
fuera donde fuésemos, nos encontraría. Desde ese momento, el miedo nos paralizó
a ambas.
Poco después, ambas dimos un grito de terror, cuando al
parpadear por una milésima de segundo, vimos a aquel ser monstruoso en frente
de nuestras narices. Di un grito de horror, al tiempo que mi amiga caía
desmayada a mi lado. Era un ser horrible, con cuatro patas que más bien parecían
garras, su cara pálida y cadavérica, donde no parecía tener ojos, si no más
bien dos huecos que parecían mirar de la manera más intimidatoria. Tenía unos
cuantos mechones de pelo enmarañado y asqueroso en su cabeza, donde algunos de
estos le caían por ambos lados de su horrible cara.
Empecé a zarandear y a gritarle a mi amiga para que nos
fuéramos, pero derrepente escuché una voz de ultratumba que me susurró en el
oído: “sólo se irán cuando yo lo decida, eso les pasa por invadir un lugar
donde nadie es bienvenido”. Luego de eso perdí mi conciencia y la noción del
tiempo.
No sé cuánto tiempo pasó, pero acabo de despertarme,
estoy desorientada, mi amiga está acostada a mi lado. Poco a poco la zarandeo y
ella se despierta igual de desorientada que yo, nos preguntamos dónde estamos,
porque miramos a todos lados y no parecemos estar donde nos habíamos quedado
por última vez. Me duele horrible la cabeza, y al mirar a mi lado vuelvo a
gritar espantada, hay un cuerpo de una persona descompuesto. Tiene sangre,
pedazos de carne caída y se le ven los huesos. Decidimos levantarnos, sacudirnos
la ropa, noté que había perdido mi linterna pero no me importó, solo salimos
corriendo de aquel lugar, para no volver nunca más.
Yuly Torres.
Comentarios
Publicar un comentario