Una noche terrorífica en el sementerio.

La imagen muestra un cementerio en lo que parece ser una noche brumosa con una atmósfera misteriosa.  Hay un camino de piedras que serpentea entre las tumbas.  Las lápidas varían en forma y tamaño, algunas con cruces en la parte superior.  El césped parece descuidado y hay musgo cubriendo las piedras y la tierra.  Árboles altos y oscuros se alzan en el fondo y una pequeña capilla se vislumbra en la distancia.  El cielo nocturno está parcialmente nublado y estrellado, añadiendo un brillo tenue a la escena.

Aquella noche, decidí aventurarme en el mundo paranormal. Por eso, junto con mi mejor amiga, decidimos visitar un cementerio abandonado a las afueras de la ciudad. A las 12 de la noche en punto, nos reunimos a las afueras de este para comenzar nuestra aventura.

 

Poco después ingresamos caminando por un camino de tierra, piedras y hojas caídas hasta llegar al interior. Una vez dentro, percibíamos como la densa oscuridad de la noche, nos envolvía por completo, haciendo que el ambiente de todo el lugar, se tornara más tenebroso e inquietante.

 

Empezamos a caminar un tanto temerosas y al mismo tiempo expectantes, recorriendo los distintos caminos pedregosos bajo el silencio y la oscuridad de aquel cementerio abandonado. Encendimos una linterna, para sortear mejor aquellas tumbas abandonadas que encontrábamos a nuestro paso, mientras escuchábamos bajo el silencio de aquella noche inquietante, el sonido de nuestras respiraciones y nuestros pasos.

 

Derrepente, escuchamos un grito ensordecedor proveniente de alguna parte. Ambas gritamos al unísono, mientras sentíamos un viento gélido que nos erizaba la piel. Atiné a preguntar

¿qué fue eso?

Mi amiga estaba paralizada por el miedo, mientras se cubría los oídos con ambas manos; pero yo a pesar de estar un tanto asustada, sentía curiosidad por aquel grito; entonces la jalé del brazo para que siguiéramos caminando, pero ella intentó resistirse un poco, argumentando que sentía miedo; aunque yo me envalentoné y la animé a continuar, pues para eso habíamos venido hasta aquí, y no nos íbamos a regresar tan pronto.

 

Seguimos caminando cuando derrepente, en frente de nosotros vimos una sombra oscura flotando en el aire, aproximándose a nosotras. Nos quedamos quietas en el sitio sin saber que hacer; luego como por instinto, corrimos para agazaparnos bajo uno de los arbustos. Temblando de miedo, nos quedamos quietas para no hacer ruido, esperando que aquel ser extraño se marchara de allí; pero eso no sucedió, al contrario de lo que pensábamos, parecía que aquella silueta oscura podía percibir el miedo que sentíamos en ese momento. Luego de unos segundos que parecían eternos, pudimos ver como se deslizaba sigilosa, lenta y pausadamente entre los arbustos, cambiando su dirección para de todas formas, dirigirse hacia donde estábamos. Pensé que fuera donde fuésemos, nos encontraría. Desde ese momento, el miedo nos paralizó a ambas.

 

Poco después, ambas dimos un grito de terror, cuando al parpadear por una milésima de segundo, vimos a aquel ser monstruoso en frente de nuestras narices. Di un grito de horror, al tiempo que mi amiga caía desmayada a mi lado. Era un ser horrible, con cuatro patas que más bien parecían garras, su cara pálida y cadavérica, donde no parecía tener ojos, si no más bien dos huecos que parecían mirar de la manera más intimidatoria. Tenía unos cuantos mechones de pelo enmarañado y asqueroso en su cabeza, donde algunos de estos le caían por ambos lados de su horrible cara.

 

Empecé a zarandear y a gritarle a mi amiga para que nos fuéramos, pero derrepente escuché una voz de ultratumba que me susurró en el oído: “sólo se irán cuando yo lo decida, eso les pasa por invadir un lugar donde nadie es bienvenido”. Luego de eso perdí mi conciencia y la noción del tiempo.

 

No sé cuánto tiempo pasó, pero acabo de despertarme, estoy desorientada, mi amiga está acostada a mi lado. Poco a poco la zarandeo y ella se despierta igual de desorientada que yo, nos preguntamos dónde estamos, porque miramos a todos lados y no parecemos estar donde nos habíamos quedado por última vez. Me duele horrible la cabeza, y al mirar a mi lado vuelvo a gritar espantada, hay un cuerpo de una persona descompuesto. Tiene sangre, pedazos de carne caída y se le ven los huesos. Decidimos levantarnos, sacudirnos la ropa, noté que había perdido mi linterna pero no me importó, solo salimos corriendo de aquel lugar, para no volver nunca más.

 

Yuly Torres.

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